Vitruvio trabajaba en un mundo sin páginas numeradas, índices automáticos o imágenes reproducidas a gusto. El texto tomaba forma en rollos de papiro, con herramientas simples y una compleja cadena de copiado.
Pensar en los diez libros en esta dimensión material permite comprender mejor el proyecto intelectual: reunir arquitectura, máquinas, aguas, proporciones, astronomía y construcción en una obra consultable y transmisible.
Escribir significaba diseñar
La estructura del tratado debía ser pensada antes de la redacción y mantenida a través de referencias, prefacios y particiones temáticas. Cada corrección era costosa; cada diseño, frágil en la transmisión.
El De architectura es, por tanto, también una arquitectura de palabras: un edificio mental construido para cruzar los siglos.

